La charla comenzará cuestionando varias posiciones (colapsistas y largoplacistas) que, en una época marcada por potenciales desastres globales, promueven el escapismo de la tierra y la evasión del mundo de los asuntos humanos. Con todo, si por apego a la tierra me planteo mi responsabilidad individual hacia un problema global y estructural como el cambio climático, se me plantea el conflicto de que verme responsable de cada nimia decisión que tomo al tiempo que asumo la insignificancia de mis acciones bien ponderadas. La charla tratará de perfilar lo que pueda ser una forma de vida moralmente aceptable que no quede atenazada entre las ansias de pureza y la resignación derrotista. También tratará de avistar los límites de esa ética individual. De comprometernos moralmente con el destino de la especie humana (y otras especies), la ética que necesitamos actualmente debe dar prioridad a deberes colectivos (para la planificación, anticipación y prevención de desastres venideros) que implican responsabilidades prospectivas, compartidas e institucionalmente mediadas.
