Josefina la cantora es el último relato que escribió Kafka (en marzo de 2024, pocos meses antes de morir el 3 de junio de 2024). Cumplimos este año, pues, no solo el centenario de la muerte de Franz Kafka, sino de este relato en concreto, que fue el último que comenzó en este año y le dio tiempo a acabar y a publicar. También cumplimos otro aniversario, esta vez los 300 años del nacimiento del filósofo Immanuel Kant el 22 de abril de 1724. Poco voy a decir del contexto en que vivieron y escribieron estos dos autores, solo lo necesario para destacar lo que más nos importa: que este contexto en los dos casos ha desaparecido. En el caso de Königsberg, la ciudad natal de Kant, hoy en día ni siquiera conserva este nombre, y el régimen político en el que Kant vivió, el de la monarquía prusiana, desapareció sin dejar rastro. Aunque los tenemos clasificados como autores alemanes porque escribieron en alemán, ninguno de los dos escritores vivió en lo que hoy día conocemos como Alemania. En el caso de Kafka, aunque nos separa solamente un siglo de él, la transformación es aún mayor si cabe que en el caso de Kant. Kafka vivió en un contexto bastante precario y minoritario: el dominio alemán estaba a punto de desaparecer y lo hizo definitivamente después de la segunda guerra mundial, en la que Praga se alineó con el bloque soviético. Franz Kafka, escritor en lengua alemana, era lo que llama Deleuze un escritor en lengua menor. El ambiente judío en el que creció también fue destruido por el nazismo (las 3 hermanas de Kafka murieron en campos de concentración). Así pues, los dos ambientes en los que crecieron, trabajaron y escribieron estos dos autores ya no existen. Y, sin embargo, a pesar de ello, sus obras son de las más importantes de nuestra cultura, no histórica, sino actual, lo cual nos lleva a pensar que el alcance de una obra no depende de que comprendamos la situación y la época en la que nació, sino de que nos sintamos interpeladas por ella por encima y más allá de los contextos y situaciones.
